Durante casi todo el siglo XX los judeocristianos ortodoxos y los biólogos evolutivos estuvieron de acuerdo (cosa rara, por ciento) en cuanto a la tesis de una única raíz ancestral para toda la raza humana. Y si religión y ciencia coincidían con tal enunciado —dejando de lado los detalles de causa, lugar y tiempo— la aseveración tenía que ser cierta. ¡Pues no! Las comparaciones del genoma humano con el genoma del hombre de Neandertal, que el Instituto Max Planck de Leipzig (Alemania) ha venido efectuando bajo la dirección del biólogo sueco Svante Paabo, le están dando una vuelta completa al asunto. Los primeros resultados de este estudio están mostrando que una proporción elevada de los habitantes de la Tierra tienen (o tenemos) una fracción importante de “sangre no humana”.
Repasemos los dos puntos de vista. Por un lado, el Génesis dictamina que Adán y Eva, la célebre pareja creada por Dios en algún lugar de Irán hace unos seis mil años, fueron los ancestros de todos los personajes bíblicos y de nosotros, sus descendientes modernos. Por el otro, los rastreos de las cadenas de ADN a lo largo y ancho de la geografía planetaria, convergen en un adán y una eva hipotéticos que, según los antropólogos, vivieron en algún lugar de Etiopía unos doscientos mil años atrás. Este primitivo adán y esta prehistórica eva, como consecuencia de unas mutaciones genéticas aún sin explicar, fueron respectivamente el primer Homo sapiens y la primera Hembra sapiens, una nueva especie animal para aquel momento. Una vez estos dos sapiens adquirieron consciencia propia y mutua, se enamoraron perdidamente y se dedicaron a engendrar “homosapiensitos” cuyos herederos habríamos de poblar la Tierra y, con el paso de los milenios, pondríamos en riesgo su ecología.
Toda esta hipótesis de un ancestro común único se vino al suelo. La confusión de los académicos del siglo XX (no para disculparlos) proviene en cierta medida de la definición de “especie”, la unidad básica de la clasificación biológica. Una especie animal es una categoría de organismos que, además de semejanza mutua, tienen el potencial de reproducirse entre sí. Como las similitudes son siempre subjetivos, la raya “oficial” para la separación de dos especies cercanas es su incompatibilidad para aparearse y procrear. La tal raya no es tan nítida como podría pensarse. En la clase de los mamíferos, a manera de ejemplo, existen mulas (hijas de asno con yegua), tigrones (hijos de tigre con leona) y ligres (hijos de león con tigresa); estos híbridos, sin embargo, son generalmente estériles así que mulas, tigrones y ligres ni se sostienen como especie aparte ni tampoco borran la línea que separa a sus progenitores.
Los científicos daban por sentado que el hombre de Neanderthal, nuestro pariente más cercano y nuestro contemporáneo hasta su extinción hace treinta mil años, era una especie genéticamente incompatible con la nuestra y que nunca se había “matrimoniado” con nosotros. (De hecho, no hay ningún vestigio de cruce procreativo de humanos con ninguna otra especie; no existen ni “chimpaembras” ni “hombrancés”, aunque es posible que haya habido ociosos y ociosas que hayan investigado la posibilidad).
En el año 2009, los investigadores del Instituto Max Planck, tras completar el primer borrador del genoma del hombre de Neandertal con base en tres fósiles de unos cuarenta mil años de antigüedad, corrigieron tajantemente el centenario error. Comparando los dos genomas, el de los tres neandertales con el de varias muestras humanas de Eurasia (donde habitó nuestro pariente) y de África (por donde nunca anduvo ni siquiera de vacaciones), los científicos han concluido que los euroasiáticos (no así los africanos) poseen entre uno y cuatro por ciento del código genético de los neandertales, descubrimiento este que es un verdadero terremoto científico cuyo impacto apenas ha comenzado a sentirse. No hubo pues un único adán ni una única eva.
Ahora sabemos a ciencia cierta que muchísimos Homos sapiens se conquistaron a muchas Hembras neandertales (o viceversa), que millones de los humanos tenemos una buena dosis híbrida, similar a la de ligres y tigrones, y que estos cruces ya milenarios de homínidos, a diferencia del apareamiento de felinos, no acabaron con nuestra fecundidad.
Estos descubrimientos van a catalizar muchas investigaciones en el terreno de la genética y de la biología evolutiva y, en los hallazgos por venir, aparecerán cosas fascinantes. Adicionalmente, como si esto fuera poco, los doctores de las iglesias judeocristianas se verán obligados a revisar la historia del paraíso terrenal que tan entretenidamente nos narra la Biblia. A lo mejor, “la serpiente” era la forma sarcástica y celosa como se refería Adán al neandertal del edén vecino.
Gustavo Estrada
Autor de Hacia el Buda desde el occidente
Monday, July 5, 2010
Adanes y neandertales
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2 comments:
Es especulativo (y creo que incorrecto) aseverar que las mutaciones que condujeron al Homo sapiens ocurrieron en un macho y en una hembra que se aparearon. Mas posiblemente la mutacion ocurrio en un ejemplar que la transmitio a dos herederos, macho y hembra estos, que se emparejaron y la replicaron en sus herederos. Las ventajas de supervivencia que les debieron proveer las elementales "inteligencia, consciencia propia y memoria" le permitieron a este grupo familiar subsistir como nueva especie.
Una antropologa fisica (con PhD en el asunto)profesora de mi esposa les decia que esta mezcla era tan cierta que a menudo veia rastros de neandertales en muchos de sus companeros.
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